Semillas: la importancia vital de consumirlas - Primera Parte
Bienvenidos/as nuevamente a este espacio digital saludable, QuieroNatural sexta edición.
Semillas: la importancia vital de consumirlas - Primera Parte
Bienvenidos/as nuevamente a este espacio digital saludable, QuieroNatural. Para esta sexta edición les voy a contar, sobre el mundo vital de las semillas, para lo cual será necesario dividir el tema en dos partes por su amplitud. En esta primera parte, veremos por qué es tan importante alimentarnos de ellas como alimento vivo y en su forma integral, qué nos proveen y qué tipos hay. En una segunda parte (para la próxima edición de QuieroNatural) les contaré de las propiedades de cada tipo de semilla y de qué diferentes maneras consumirlas. Sí, las semillas no solo se plantan o se les da de comer a los animales, ¡también se comen! Y hablamos de un gran alimento que con razón tantas comunidades ancestrales con sabiduría guardan e intercambian como valores cualitativos, hasta el día de hoy. Además de esta data, les compartiré una receta práctica para que tengan otra manera de incorporarlas, aprovechando todas sus propiedades: ¡“leches” vegetales! Y recuerden, que esta y todas las ediciones anteriores de QuieroNatural, las pueden encontrar en la página de Facebook Quiero Natural – FM TOP, donde hablamos de más temas informativos de alimentación, compartimos entrevistas, eventos ligados y recetas.
Ahora, primeramente, ¿qué son las semillas? Las semillas son un grupo heterogéneo de alimentos súper energéticos, que por sobre todas las cosas nos proveen de energía vital. Es importante hacer hincapié en esto de “energía vital”, ya que al ser los embriones de los cuales nace una planta, poseen la potencialidad de una vida por nacer. Es solo cuestión de despertar esa vida que tienen guardada y disfrutar de los efectos de esta energía vital en el cuerpo. Imagínense que de esa pequeñita materia nace y se desarrolla lo que luego es un gran árbol, lleno de frutos, hojas, con un gran tronco. O un arbusto o cualquier tipo de vida vegetal, parte de un gran ecosistema, que recibe y entrega energía y materia al ambiente y colabora en el equilibrio vital del planeta. Cuánta energía vital e información genética debe tener guardada esa semilla para ser y hacer todo eso en un futuro, ¿no? Toda esa energía concentrada y latente que tiene albergada para poder efectuar todas sus funciones, es esa misma súper energía que estamos ingiriendo cuando la incorporamos a nuestra alimentación. Y entonces, consecuentemente, ¿qué le estamos aportando a nuestro cuerpo cuando las comemos? ¡Vitalidad! Y esto no es poca cosa, es esa misma energía llena de vida la que le da el “combustible” al organismo para rejuvenecerse, salir de una enfermedad, para regenerar y reparar células, para levantar el estado de ánimo, para sanar dolencias, para absorber correctamente mineras y nutrientes, en fin, vivir. Pero no un cualquier vivir, sino en armonía y buen estado de salud, como corresponde. Esto vale aclararlo porque, evidentemente, no todos los alimentos que consumimos tienen energía vital como las semillas. Todos los alimentos procesados, industrializados o cocinados, carecen de vitalidad. Son alimentos que ya están desvitalizados, sus células ya no tienen vida debido a la degradación, modificación, alteración, adulteración y más, que sufren todos sus componentes originales, ya sea con el calor de la cocción, con la refinación de la industria, la carga de químicos y cualquier tipo de manipulación que esté fuera del respeto del alimento por su naturaleza. Por esto es muy importante hacer énfasis en la vitalidad, no sólo de las semillas, sino de todos los alimentos que ingerimos, todos los días, durante todo el día. ¿Cuántos de esos alimentos que consumimos repetidas veces al día tienen células vitales, que le aporten vida a mi vida? Ya sabemos que lo que comemos, es lo que somos. Si nos alimentamos de vida, tendremos vida, pero buena vida, buen estado de salud, pensamientos y sentires llenos de vida, de energía alta. Si nos alimentamos de alimentos desvitalizados, esa misma energía carente de vida, es con la que estamos recargando nuestro cuerpo y como imaginan, el desencadenante de eso es previsible. Si me cargo de una energía baja, con esa misma energía voy a funcionar el resto del día, desde mis pensamientos, mi estado físico, mi estado de ánimo, mi resolución de conflictos, mis emociones, mi
manera de relacionarme con el entorno y todo lo que concierne a la energía con la que me desenvuelva. Así que el ejercicio de consciencia en la alimentación, es empezar a prestar atención a la vitalidad de lo que comemos, si realmente nos estamos vitalizando cuando hacemos el acto de comer o más bien estamos haciendo una carga al cuerpo que le quita energía. ¿Qué alimentos son los que aún tienen vida interna? Las frutas, las verduras, las semillas, las algas, el agua. Todos alimentos que, si los depositáramos en la tierra, pueden seguir contribuyendo y generando más vida. ¿Cuáles son los que están desvitalizados? Todo lo adulterado que rompió su cadena natural, es decir lo cocido, lo refinado: las carnes, lácteos, harinas refinadas, azúcar refinada, semillas refinadas (como arroz blanco) y, en definitiva, todas las comidas que derivan de estos. Que, si volcáramos a la tierra, no podrían generar nueva vida, sino sólo descomposición o contaminación.
La naturaleza es sabia y protege mucho a su semilla porque de eso depende su supervivencia como especie. Para ello, la semilla o embrión se alberga en lo más íntimo del grano, también se lo llama germen y está rodeado por una capa llamada endosperma que hace las veces de fruto, es rica en almidón y le provee nutrientes al embrión para que crezca. Posteriormente se rodea de una capa de fibra que le da la protección. A esta capa se la llama “salvado”. Entonces, podríamos decir que una semilla consta de tres partes, en su estado natural integral: el germen, en lo más profundo y protegido, luego el endosperma, sería como el almidón, y finalmente la protección externa, la cáscara, que es el salvado. Esto es hablando en su forma natural, como la madre tierra la trae al mundo. Decimos que es una semilla integral ya que integra todas sus partes, está completa. Pero, ¿qué sucede en una semilla que es refinada? A modo de ejemplo, podemos tomar el caso de un grano de arroz integral que luego de la refinación queda como arroz blanco o un grano de trigo integral que, al ser refinado y molido, se obtiene de él la harina blanca y de la misma todos los productos de panificación refinados que conocemos y se consumen diariamente. En ambos casos (y en todos los casos de los alimentos refinados) lo que se procede a hacer es des-integrar a la semilla integral en todas sus partes mencionadas. Claro que una vez hecho esto, pierde su vitalidad, su capacidad de generar vida si la plantáramos, y así mismo, de darle vida a nuestro ser. Entonces, para des-integrarla se le quita su cáscara protectora (el salvado) por un lado, el almidón por otro y el germen igual. De estos, utilizan principalmente sólo el almidón para elaborar los productos refinados. Por eso lo que vemos como alimentos refinados, es puro almidón blanco. Ahora en realidad, para que la carga de almidón que ingerimos sea digerida equilibradamente, el cuerpo necesita de la fibra, que se encuentra dentro del salvado, la capa externa de la semilla que fue removida en su proceso de refinación. Entonces, a raíz del consumo de estos productos refinados, una de las cosas que sucede dentro del organismo es que, al no contar con la acción de la fibra que es la que ayuda a digerir la compleja molécula de almidón, se produce una indigestión, responsable de sentirnos mal e inflamados luego de comer muchas harinas, por ejemplo, o muchos alimentos refinados. Ese malestar de pesadez y dificultad en la digestión o sensación de estar hinchados/as, crea una falsa ilusión de estar llenos, de saciedad, haciendo que no comamos por varias horas más, no porque el cuerpo no necesite alimentarse nuevamente, sino porque todavía está tratando de digerir el almidón en su proporción desmedida con respecto a la fibra ausente. Además, se produce una mucosidad en las paredes de los órganos, literalmente porque se genera como un moco pegajoso espeso, que genera constipación y hace de barrera en estos órganos, obstruyendo en la función de absorción de los nutrientes como minerales y vitaminas. Y sabemos que, si no contamos con una nutrición fuerte, pueden devenir deficiencias de salud, que desembocan en dolores o enfermedades. Entonces, a fin de cuentas, al consumir productos refinados, no solo no estamos aportando vitalidad al organismo, sino que le generamos un problema más, del cual el cuerpo tiene que valerse de su propia energía para tratar de remediar todos estos desequilibrios. Al consumir de
nuestra propia energía para remediar los conflictos de desequilibrio, el organismo se desvitaliza, nos quitamos vida con lo que comemos, en vez de prolongarla. Y una célula desvitalizada, es una célula envejecida, eso multiplicado por las miles de células que tenemos…es decir, tenemos un cuerpo desvitalizándose y envejeciendo más rápido. Por eso los hábitos de alimentación marcan la diferencia entre el rejuvenecimiento o envejecimiento de un cuerpo. Característica que se ve traducida no sólo en la apariencia física, sino en la felicidad, velocidad de procesamiento de la mente, resolución de problemas de forma asertiva, capacidad de analizar objetivamente una situación y actuar en consecuencia, sentir vital, vivir vital, ser vital. ¿Va cerrando la importancia de consumir semillas en su forma integral y demás alimentos vivos?
Pero, si la sabia naturaleza nos provee de las diferentes capas de la semilla en su justa proporción, para alimentarnos y beneficiarnos de ella en su forma integral ¿por qué la industria alimentaria nos provee de sobremanera alimentos desvitalizados refinados? Bueno, si quisiera ocupar espacio escribiendo sobre esta respuesta, tendría que introducirme en cuestiones culturales que hacen a un manejo de un sistema mayor, donde sólo se benefician pequeños grupos capitalistas, cuyos únicos intereses son sus propias ganancias, lejos de apuntar a la calidad de vida, felicidad y salud de las personas. Pero claro que la deficiencia de salud de miles de personas, implica para las industrias farmacéuticas un incansable festín, ya que claro, todo está relacionado en ese gran sistema. Pero sin ánimos de darle continuidad a este aspecto del tema, les dejo la pregunta abierta en el caso de que sientan cuestionárselo y abrir la puerta de las respuestas que encuentren.
Para ir concluyendo, ya sabemos la importancia de alimentarnos con alimentos vivos e integrales. Ahora podemos ver cuáles son los tipos de semillas que podemos encontrar. Hay básicamente tres tipos de semillas, todas importantes en su calidad nutritiva. Existen las: semillas oleaginosas (que son muy ricas en lípidos) como la chía, el lino, sésamo, girasol y los frutos secos (maní, nueces, almendras, castañas de caju, avellanas, pistachos); las semillas cereales y pseudocereales (ricos en hidratos de carbono) como el trigo, trigo burgol, sarraceno, cebada, centeno, avena, mijo, quínoa, arroz, amaranto; y las semillas leguminosas (rica fuente de aminoácidos y proteínas) como las lentejas, porotos aduki, porotos mug, arvejas, habas, chuchas, fenogreco, algarroba. Dado que cada categoría de semillas aporta más de un macronutriente que otro, es importante el consumo variado y alternado de todas ellas, para asegurar la incorporación equilibrada de cada macronutriente (lípido, hidratos de carbono y proteínas).
Considerando que hasta esta instancia ya hay suficiente información para ir asimilando e incorporando, dejaremos acá esta nota para continuar en la segunda parte, contando de qué manera comer estas semillas (pasos para la activación y para la germinación) y cuáles son sus bondades, Ahora, disfruten de esta receta de “leche” de semillas.
“Leche” de semillas
En este caso será una leche de almendras, pero tener en cuenta que se puede usar la semilla que quieras: nuez, maní, girasol, sésamo, avena, arroz.
-Dejar remojando 100 gr de almendras en medio litro de agua (mejor si es purificada)
-Después de 12 horas de remojo, descartar el agua de remojo y enjuagar las almendras. Agregar 1 taza de agua y licuar hasta que queden disueltas por completo. Agregar medio litro más de agua y volver a licuar
-Colar la “leche” dejando a un lado los restos del fruto (podrás usar los restos para masas, galletas naturales, patés, etc.)
Tomar en cualquier momento del día durante los próximos 3 días (ya que no tiene conservantes, tiene un período de vida media corto). Podes guardar en heladera.
Si lo deseas, podes agregarle 1 cucharadita de azúcar integral mascabo, pasas de uva o de dátiles o miel a la licuadora para endulzar la “leche”. Podes preparar una rica merienda o desayuno agregándole 1 cucharada de harina de algarroba para darle un toque de chocolatada. O bien usar vainilla natural o cacao natural. También con unas bananas maduras podrás prepararte un rico licuado. Esta leche o licuado también puede ser utilizada para recetas o salsas en reemplazo de lácteos o leche animal.
Gracias por leer hasta el final y nos encontramos pronto en la siguiente edición para seguir incorporando consciencia y conocimientos sobre la vida natural y saludable, para vivir mejor, cuidando también a quienes queremos. ¡Buena vida!
Be Fy




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