CFK: “Podrán excavar toda la Patagonia y no van a encontrar nada”
Tras su procesamiento en la causa de las coimas, se presentó –por octava vez– a una indagatoria.
Sin descanso. En plena onda expansiva de su procesamiento con prisión preventiva en el expediente de los cuadernos de la corrupción, Cristina Kirchner se presentó ayer a una nueva declaración indagatoria –la octava desde que dejó el poder– en los tribunales federales de Retiro. Fue a pedido del juez Sebastián Casanello en la causa por lavado conocida como “ La ruta del dinero K”. Como en todas las investigaciones que enfrenta en la justicia, la ex presidente Kirchner negó por escrito cualquier vinculación con las denuncias: “No solo desconozco por completo esta supuesta maniobra, sino que no existe ningún elemento de prueba que me vincule a la misma”, dijo Cristina.
Cada vez es más complejo el escenario judicial de la expresidente. Acumula nada menos que seis procesamientos en siete causas. Cuatro ya han sido elevadas a juicio oral (ver “Las causas...”)
La causa de Casanello investiga el envío al exterior y la posterior repatriación de unos 60 millones de dólares en una maniobra de lavado de dinero. El eje del expediente es el empresario patagónico Lázaro Báez, preso desde abril de 2016, uno de los principales beneficiarios de la obra pública en la Patagonia en los largos años de los gobiernos K.
La causa ya fue elevada a juicio oral, instancia que comenzará el 30 de octubre. Tiene una particularidad: el juez desestimó en varias oportunidades el llamado a indagatoria a la Cristina y sólo lo hizo tras una orden de la Cámara federal, tras un pedido de la unidad antilavado que depende del ministerio de Hacienda.
Cristina llegó a Tribunales enfundada en un conjunto de chaqueta y pantalón gaspeado, sonriente. La esperaba un puñado de militantes. Como otras veces, se negó a hablar con la prensa, pero ya había subido a Twitter el documento que iba a presentarle a Casanello.
La expresidente hizo ruido con una frase que se ganó todos los títulos. En su escrito, Cristina aludió a un reciente operativo en una de las estancias de Báez en Santa Cruz, en las que se ordenaron excavaciones en busca de dinero en efectivo. “Podrán seguir vigilando mis movimientos y los de mi familia, escuchar de manera clandestina mis conversaciones telefónicas o excavar toda la Patagonia argentina o donde mejor se les ocurra, que nunca van a encontrar nada con lo que involucrarme, porque jamás me apoderé de dinero ilícito alguno”, dijo en el texto.
En medio de una tormenta judicial, y a la espera de que la cámara federal confirme el pedido de prisión preventiva ordenado por el juez Claudio Bonadio, la senadora no perdió el buen ánimo ni la ironía. Al ingresar al juzgado junto a su abogado Carlos Beraldi, Cristina saludó a al juez Casanello con un sonoro: “¡Al fin nos conocemos!”. Casanello fue investigado recientemente por una denuncia de Báez y su familia sobre una supuesta visita a la residencia de Olivos a poco de que la expresidente dejara el poder. La denuncia era infundada.
El trámite duró una hora. Cristina avisó que no iba a contestar preguntas. Pero habló de una “guerra judicial”, de “persecución” y de “empresarios M” (por Macri) que fugaron dinero del país. Se fue por los pasillos del cuarto piso. No rechazó ninguna selfie de los empleados que se acercaron a saludarla.

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