Viernes, 07 de agosto
NACIONALES

Manuel, el hombre escondido en la meseta

Hace tres años custodia el sistema que bombea agua de riego hacia las hectáreas en producción de Colonia Nueva Esperanza. Trabaja 24 horas,

Manuel Leo es el “guardián del Choconcito”. Si bien asegura que el título le queda grande, sabe que su tarea es fundamental para los vecinos de Colonia Nueva Esperanza. Con guardias de 24 horas se encarga de custodiar el sistema de bombas que conducen el agua para riego desde la meseta hacia las hectáreas en producción del pequeño sector rural.

Su lugar de trabajo se ubica casi en el límite con Centenario, donde funciona la planta potabilizadora del agua que viene desde Mari Menuco y llega a los barrios del oeste. Allí, el excedente de líquido de la planta va a parar a una laguna de agua clara que los habitantes de la meseta bautizaron “El Choconcito”, por su parecido con la represa de El Chocón.

La “oficina” de Manuel es un cuadrado de tres metros por cuatro rodeada de meseta agreste y a dos kilómetros del poblado. Por allí no pasa nadie, salvo los camiones que retiran material calcáreo para la construcción de la Autovía Norte.

No existe ni un árbol donde resguardarse del sol inclemente. La brisa es caliente y hacia donde se mire se ve horizonte de jarilla y zampas y mosquitos.

En ese lugar, Manuel tiene la misión de evitar que el vandalismo saque de servicio la bomba. Después de eso nada más para hacer. Es un hombre criado en y por el campo, por eso el silencio y el “desierto” de la meseta no lo asustan. Sino todo lo contrario. “Yo me siento cómodo acá. A veces hace bien alejarse de...” y no encuentra las palabras para definir el entorno difícil de la colonia, donde las carencias son muchas y los conflictos también. “Acá hay tiempo para pensar, hay tranquilidad”, agrega.

Pasa las horas encerrado en una construcción básica de piso de cerámico, paredes sucias por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. Por todo equipamiento cuenta con un anafe de dos hornallas, una oxidada y pequeña heladera, un televisor, un banco de madera, un ventilador y un escritorio que hace las veces de mesa de cocina. Hay dos pequeñas ventanas por donde se cuela la brisa caliente del exterior. La puerta de chapa recibe el sol durante las horas más calientes del día. En el exterior el único ruido que se escucha es el ronroneo del equipo eléctrico que hace funcionar las bombas. A veces, solo a veces, los dos perros sin nombres que lo acompañan ladran ronco y están tan agotados por el calor como el hombre.

Cuando el sol empieza a desaparecer, Manuel sale a caminar por la desnivelada meseta y regresa cuando la única luz que alumbra es la de la luna. Pasa la noche recostado en un colchón en el suelo. Luego por la mañana, lo enrosca y lo guarda debajo del escritorio. Al próximo día comenzará su descanso de 48 horas y luego nuevamente un día de trabajo. En un mes de 30 días, son 10 días los que Manuel pasa en la oficina de guardia. Los turnos mensuales se reparten entre tres trabajadores, uno de ellos es su hijo mayor.

“Yo me crié prácticamente en la Colonia, a los 9 años me vine a vivir acá con un señor que era criancero y del que me hice amigo. Lo ayudaba con el pastoreo de su ganado. Después me casé y me quedé. Ahora tengo en mi parcela chivas y chanchos. A las chivas las tengo que sacar a pastorear, así que me conozco la meseta de punta a punta y siempre estoy solo. Para mi la soledad no es un problema, todo lo contrario”, insiste y sonríe.

Manuel cuenta que muchas veces le tocó pasar la noche de Navidad o Año Nuevo trabajando, pero eso sí, no se pierde el almuerzo del 25 ni del 1 de enero. “Voy, almuerzo con la familia y luego regreso acá. Es un trabajo y hay que cuidarlo porque está difícil la cosa”, agrega.

Por todo entretenimiento, el hombre tiene un televisor de 14 pulgadas con sistema satelital de cable, una vieja radio y una Biblia que se encontró tirada en medio de la meseta.

“Querían abrir un camino para comunicar con la ruta 7. Por suerte no lo hicieron, sino todo el mundo iba a pasar por acá”,
contó Manuel, en relación con un proyecto que tenían en la Colonia.
“El Choconcito”, un remanso oculto entre zampa y jarilla

Casi en el límite con Centenario existe un oasis al cual es difícil acceder pero que los vecinos de Colonia Nueva Esperanza disfrutan durante todo el verano. Se trata de una laguna artificial, ubicada a seis kilómetros del centro de la capital, en medio de la meseta deshabitada.

Se formó como reservorio del agua de descarte de la planta potabilizadora que el EPAS construyó en 2009 para abastecer desde el sistema Mari Menuco a los barrios del oeste. A un costado se levantó un murallón que cumple las funciones de un dique para contener los 70.000 metros cúbicos de agua que se derivan allí como excedente.

Desde la laguna se bombea agua para el riego de aproximadamente 32 lotes productivos que existen en Nueva Esperanza. Las bombas son las que custodia Manuel Leo, desde hace 3 años.

En “El Choconcito” el sol pega fuerte y sin intermediarios y los mosquitos son voraces. En una recorrida realizada por “Río Negro” se encontró a una familia que llegó para pelearle al calor. Reacios a hablar, pero abiertos a que se realicen fotos a los pequeños de la familia que jugaban en el agua, mientras los más grandes se refugiaban del sol debajo de una sombrilla apoyada en un carro. Nadie se había quedado en la casa. También llevaron dos de sus caballos que pastaban en las inmediaciones.

Llegar hasta allí no es tarea sencilla. Al pasar Nueva Esperanza se dibujan infinidad de senderos que se abren en dos, tres o terminan en nada. Hay que desandar el camino varias veces. Hasta que finalmente una torre de la planta potabilizadora indica el fin del recorrido.

Un salario de
cinco mil pesos
Cinco mil pesos es el sueldo mensual que perciben los custodios del sistema de bombeo de agua para riego hacia Colonia Nueva Esperanza. Es costeado por la Asociación de Fomento Rural, que además administra el matadero de la meseta.
“Hace tres años que no nos actualizan el sueldo. No alcanza para nada, pero por poco que sea, es algo”, dijo Manuel Leo.
El hombre obtiene otros fondos de la venta de cerdos y el faenamiento.

nuestra app topmultimedios en play store

Fuente: DIARIO RIO NEGRO
Noticia Anterior

Gobierno y ATE acordaron pasar las fiestas en paz y ya no habrá paro

Noticia Siguiente

Proponen crear una licencia preventiva para empleados municipales involucrados en causas de violencia

Comentarios

  • Se el primero en comentar este artículo.

Deja tu comentario

(Su email no será publicado)

🔔 ¡Activa las Notificaciones!

Mantente informado con las últimas novedades.