Viernes, 07 de agosto
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NEUQUEN - LA MUJER QUE TIENE A SUS HIJOS EN LA CALLE

Hace un año y medio tuvo a una hija en la vereda, camino al hospital, y el martes nació otra en un taxi.

LA MUJER QUE TIENE A SUS HIJOS EN LA CALLE
Hace un año y medio tuvo a una hija en la vereda, camino al hospital, y el martes nació otra en un taxi. (Nota LMN) Escrita por Mario Cippitelli

La última vez que Romina Rex fue mamá se prometió a sí misma que trataría de que el próximo parto fuera lo más normal posible y no en la calle, como ocurrió hace un año y siete meses con Francesca.

En aquella oportunidad, le dijo a Facundo Escalona, su esposo, que la acompañara al hospital porque sentía dolores. No alcanzó a caminar cuatro cuadras de la calle Colón que sintió cómo la cabeza de su beba comenzaba a salir de su cuerpo. Sin desesperarse, se sacó los pantalones cortos que llevaba y en menos de un segundo la nena nació. Fue tan repentino que la joven, en ese entonces de 22 años, alcanzó a tomar a la criatura con sus manos y evitó que se golpeara en la vereda. Un taxi la trasladó hasta el hospital y aquel episodio tuvo un final feliz.

Los medios se hicieron eco de la noticia. Hablaron de la mujer que había parido a su hija en la vereda, de la desesperación del momento y del milagro de la vida. A partir de esa experiencia, Romina dijo que la próxima no le pasaría. Que estaría más preparada y alerta. Pero le volvió a pasar.

El martes a las 5 de la madrugada comenzó a sentir dolores. Estaba embarazada de su cuarto hijo y aunque le faltaban siete días para cumplir las 40 semanas, le dijo a su marido que llamara un taxi para ir al hospital Heller. Presentía que el bebé estaba por nacer. Facundo no dudó y llamó inmediatamente explicando la urgencia de la situación. Pese a que viven en la meseta en un sector sin mayor urbanización, el taxista llegó rápido y encontró el domicilio. Romina se vistió con un pantalón corto para estar cómoda y su marido se sentó junto a ella. “Al Heller”, fue el pedido.

Apenas comenzó el viaje, los dolores se intensificaron y la joven madre revivió la experiencia de un año y medio atrás, cuando sintió que se rompió la bolsa en medio de fuertes contracciones. Segundos después llegó lo inevitable. “¡Está asomando la cabecita!”, le dijo a su marido. La historia se repetía.

El taxista, que monitoreaba la situación a través del espejo retrovisor, intentaba mantener la calma, pero manejaba a velocidad constante para llegar cuanto antes. “Tranquila, respirá”, sugirió el chofer, que ya por radio había informado de la situación, por lo que en el hospital estaban esperando a la madre. “¡Viene bien. Abrió los ojitos!”, exclamó Facundo.

A la altura de la empresa Comarsa, el parto ya era un hecho. Romina se sacó los pantalones cortos que se había puesto, abrió aun más las piernas frente a la mirada emocionada de su marido y la criatura salió por completo. Era una beba. Facundo ató el cortón umbilical para evitar que siguiera pasando líquido y el primer llanto de la chiquita rompió el silencio del taxi, que a esa altura seguía su ruta de manera rápida, aprovechando la poca cantidad de autos que circulaban a esa hora de la madrugada.

A los pocos minutos, el vehículo finalmente llegó al hospital. Romina bajó despacio con su hija en brazos y el cordón que todavía la conectaba a su cuerpo y quedó en manos de los médicos, que terminaron de hacer el trabajo.

Leo Boela

Fuente: Lmneuquen
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