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Be Fy - QUIERO NATURAL Alimentación saludable para un planeta saludable
Quiero Natural, veremos la relación que existe entre la forma de alimentarnos y el impacto que en el medio ambiente
Alimentación saludable para un planeta saludable
En el siguiente artículo de QuieroNatural, veremos la relación que existe entre la forma de alimentarnos y el impacto que tiene sobre el ambiente en el que vivimos. Para lo cual me voy a apoyar en mis propios conocimientos empíricos dentro de mi camino de alimentación natural, que llevo hace 5 años, incursionando y disfrutando de los cambios en mi persona y en mi alrededor. Y también claro contribuyen a la información técnica de este informe mis estudios como Técnica Universitaria en Saneamiento Ambiental. Además, te dejo una receta de hamburguesas de lenteja para que puedas incorporar fácilmente y probar algo muy rico ¡y sano!
Primero es necesario aclarar, ya que voy a tratar el concepto de “ambiente” durante este artículo, cual es el significado del mismo. Si bien estamos acostumbrados a referirnos de esta manera únicamente como a la naturaleza, en realidad, el concepto de “ambiente” implica mucho más que sólo la parte natural. También involucra, dentro del sistema de vida, a la esfera social, económica, política, cultural, educacional, en fin, subsistemas que hacen a ese ambiente. Me refiero a esto porque la intención es que lo tengan presente cada vez que haga referencia al “ambiente” y puedan pensarlo como un gran sistema dentro del cual se involucran muchos aspectos de la sociedad.
Ahora sí, sabemos que el estado de desequilibrio, o no, del ambiente en el que vivimos se ve interferido por las acciones humanas. Empezando por hacernos cargo de nuestra participación y responsabilidad en esto (a veces molesta este paso, pero si, es necesario) podemos afirmar que las decisiones que cada uno de nosotros toma día a día, tienen siempre cada una de ellas una repercusión sobre el planeta, sobre todo si se trata de comer, que tiene su efecto multiplicado por todas las veces al día que lo hacemos. Y así, mientras más llevemos a la consciencia que cada actividad que hacemos durante el día tiene su consecuencia a nivel ambiental, podemos ir esbozando una relación cada vez más consciente con nuestro planeta. En este ejercicio de llevar a la consciencia las decisiones que tomamos y cómo impactan en nuestro ambiente, es que cada cosa que hacemos ya no es solo por hacerla, porque socialmente está establecido que así sea, sin cuestionarte nada, sin criticar nada, ya no es una seguidilla de acciones sin un sentir genuino, son acciones conscientes. Y de esta manera, es que propongo una alimentación consciente, sin reglas, grupos, dietas o categorías estrictas o cerradas de alimentación, sino, consciencia, del modo que cada uno lo vaya sintiendo y desarrollando. Dentro de tomar consciencia en la manera de alimentarnos, es que cuidamos el ambiente, cuidamos los recursos naturales que utilizamos y que a veces desestimamos.
¿Y cómo se relaciona el cuidado del ambiente con la consciencia sobre la forma de alimentarnos día a día? Bien, para dar un ejemplo práctico, podemos analizar de forma diferenciada cómo repercute en los recursos suelo, agua y aire una alimentación que implica el consumo de carnes y cómo repercute una que no la implica, lejos de querer incitar a continuar o no el consumo de carnes, es sólo para llevar conciencia a nuestros actos y cómo impactan los mismos (otra vez, la parte incomoda, pero necesaria de hacernos cargo de nuestras acciones).
Empezando por el recurso suelo, para el caso de la explotación de los animales, este recurso se ve desgastado más rápidamente, donde no solo perdemos su fertilidad y cubierta vegetal, sino también consigo su capacidad de retener y filtrar agua, lo que genera mayor posibilidad de inundaciones. Además, la excesiva explotación de ganado, genera como consecuencia una gran deforestación (que conlleva, además de a las inundaciones, a la pérdida de biodiversidad tanto de toda la vegetación que cortan como de los animales que viven en estos hábitats). Esta deforestación se produce ya que arrasan con la flora natural de los suelos para ser usados como pastizales y para producir alimento para los animales. Suelos que, siendo explotados para consumo de carnes, la cantidad producida tiene menor alcance en escala de personas que se podrían alimentar, mientras que, si la misma superficie de suelo es aprovechada para cultivo de la agricultura (verduras, frutas, hortalizas y cereales), la cantidad de alimentos producida es mayor. Entonces, con la misma cantidad de tierra se podrían alimentar a mas bocas. Con esto vemos cómo modificando los hábitos alimenticios podés contribuir incluso con disminuir el hambre en el mundo (acá se ve claramente cómo está implicada la esfera social en el cuidado del ambiente y como todo está relacionado). Continuando con la comparación, si se aprovecha el suelo a través de la agricultura, estas tierras no resultan dañadas y se las puede aprovechar durante más tiempo porque no se desgastan tan rápidamente, sino que se
cumplen y respetan los ciclos de regeneración que tiene la tierra, o sea, tenemos tierras fértiles por más tiempo para alimentarnos.
Si nos detenemos en el recurso agua, también hay diferencias, ya que este recurso valioso y que tenemos que saber utilizar moderadamente, se gasta cientos de veces más para darles de beber, para producir su alimento y para limpiar a los animales en su explotación, a diferencia de la que se utiliza para cultivar cereales, legumbres, leguminosas, frutas y verduras (informe titulado La larga sombra del ganado: 1 hamburguesa 150 gramos = 2400 litros y 1 manzana 100 gramos = 70 litros). Sin olvidar que también el agua se contamina por los excrementos no tratados de los animales, cargados de microorganismos patógenos y de los residuos de los antibióticos que les aplican para que sobrevivan bajo las condiciones en las que se los tiene. Por ende, mayor cantidad de animales, mayor cantidad de excrementos, mayor contaminación. De la misma manera, con el consumo de los productos de la agricultura que están rociados por agro tóxicos como pesticidas (aquí entran los fungicidas, herbicidas, insecticidas y mas) estamos potenciando la degeneración del agua, que recibe toda esta carga de químicos en niveles tan elevados que no llega a auto limpiarse. Por esto es que es necesario apostar y potenciar el cultivo, la compra y el consumo de una agricultura orgánica, sin la utilización de plaguicidas que además de contaminar el agua, suelo y aire, implican grandes daños a la salud de todos los que ingieren estos químicos tóxicos. Entonces, si queremos cuidar el agua, una buena manera de hacerlo conscientemente es considerando y eligiendo con sabiduría el tipo de alimentación que queremos tener, sin necesidad de ir a los extremos, pequeños cambios. Verduras y frutas y cereales orgánicos y si consumís carne, que sea de granja. Ya con esto estamos haciendo una diferencia día a día, desde nuestro hogar o donde estemos, eligiendo qué comprar, qué cocinar, qué darle a nuestro cuerpo y qué devolverle a la tierra.
Finalmente, haciendo mención del recurso aire, también se sabe que el sector ganadero interviene en el calentamiento global del planeta. La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas) en uno de sus informes del año 2006 estima que “el ganado es responsable del 18% de las emisiones de gases que producen el efecto invernadero, un porcentaje mayor que el del transporte, debido por ejemplo a la fermentación intestinal o al exceso de estiércol, que provocan un exceso de metano, un gas con un poder invernadero de hasta veinte veces el del dióxido de carbono.” Igualmente afectan al aire los gases emitidos de los combustibles por parte de la maquinaria de las granjas, como las empleadas para el transporte de los animales. Asimismo, se emiten al aire químicos producidos por los fertilizantes usados para obtener el alimento del ganado, químicos que llegan no solo al aire sino también al suelo y al agua. Como mencioné anteriormente, estos recursos se ven contaminados también por los desechos de los animales, antibióticos, hormonas, sustancias químicas usadas para convertir las pieles en cuero, los fertilizantes y plaguicidas usados en los cultivos forrajeros, etc. así como por la agricultura que utiliza agro tóxicos.
Y si miramos más allá del consumo o no de carnes, ¿qué sucede con los alimentos procesados? Que vienen en latas, paquetes, botellas, bolsas. Que traen colorantes, saborizantes, resaltantes de sabor, conservantes. Que se conservan en frízeres o heladeras meses hasta que se los compra y luego de comprados también y generan así un gasto constante de energía. Que vienen de distancias lejanas, donde se deben transportar mediante automóviles que generan calentamiento global y mayor consumo de combustible (cuyo origen es la explotación de nuestras tierras). Que en sus paquetes traen químicos contaminantes que luego el suelo no puede biodegradar, contaminantes que llegan a cuerpos de agua, que emanan tóxicos al aire en su descomposición. Que tienen una duración en el ambiente de decanas, cientos y hasta miles de años hasta que se degradan, ya que su ciclo no es cerrado, sino que se corta cuando se lo tira a la basura y esta llega sin ser tratada a cualquier cuerpo natural (tierra, agua, aire). En un contexto en el que el medio tiene una carga tan elevada de estos residuos, que sobrepasa su propia capacidad de resiliencia. El consumo de todos estos “alimentos” (que realmente podríamos debatir cuánto es alimento de lo que traen) impacta negativamente en nuestro planeta y si seguimos sobreconsumiéndolos, seguiremos por el camino de la degradación y destrucción. Por el contrario, todo lo que viene de la tierra, del trabajo de la agricultura, tiene su ciclo cerrado: nace, se transforma y vuelve a la tierra para ser reaprovechado por esta misma (como desecho orgánico) y con sus nutrientes volver a iniciar el ciclo. Así, hay mayor armonía en el planeta tierra para que su energía se esté transmutando constantemente, de forma equilibrada.
Para concluir, el estilo de alimentación que decidamos llevar, va a repercutir en el ambiente en el que decidimos vivir. Y la alimentación consciente simplemente propone tener esta mirada expansiva e integradora de los hechos, para que cada persona elija como alimentarse desde el conocimiento y se alimente como se sienta alimentarse, pero siendo conscientes y responsables de sus decisiones y lo que ello implica.
Receta: hamburguesas de lentejas
* 1 taza de arroz integral cocido
* 1 taza de lentejas cocidas
* 1 taza de harina integral (trigo, arroz o la semilla que quieras)
* 1 cebolla pelada y trozada
* 1 diente de ajo pelado
* Sal marina a gusto (y los condimentos que te gusten)
Colocamos todo en una procesadora y procesamos. Luego utilizamos la mano para moldear los medallones, usando un poco de la harina que elegiste (de trigo, centeno, arroz, mandioca, lino) para darle mayor consistencia. Podes cocinarlas al horno o a la plancha, con un chorrito de aceite de oliva.
¡También experimenta hacerlo con otras legumbres! Garbanzos, habas, frijoles, judías. Y me contas!



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